miércoles, 19 de noviembre de 2014

ARREPENTIMIENTO Y CONFESIÓN



De Sermones y conferencias dogmático-morales:


            Antes de confesar es necesario examinar la conciencia; es decir, hacer una investigación exacta de todos los pensamientos, de todos los deseos, de todas las palabras, de todas las acciones y de todas las omisiones contrarias a la ley de Dios; en una palabra, de todos los pecados que se han cometido desde la última confesión.
            Tan necesaria como es el agua en la administración del bautismo, tan necesario es el arrepentimiento en el sacramento de la penitencia para obtener el perdón. …;… para volver a la gracia de Dios no ha medio alguno de salvación que pueda reemplazar la contrición. Confesaos cuanto queráis, practicad los actos mas duros de mortificación,…; si no tenéis un verdadero arrepentimiento de vuestros pecados, quedaréis siempre culpables, siempre quedaréis manchados.
            Para volver a la gracia de Dios es indispensable la contrición, y es necesario que ella sea interior, sobrenatural, suprema y universal.
            La contrición debe ser interior, es decir, debe estar en el alma, y que el corazón debe estar penetrado de ella. El corazón es el que ha pecado; el corazón es el que, adhiriéndose inmoderadamente a la criatura, ha sido el principio y el origen del pecado; es necesario, pues, que la contrición descienda al corazón para destruir en él el amor desordenado a la criatura. Por el corazón se ha alejado el pecador de Dios, el corazón es el que está enfermo; es necesario pues que el remedio obre sobre el corazón, es necesario que el arrepentimiento esté en el corazón, para curarlo y para volverlo a Dios. Para ir al cielo no basta decir: ¡Señor, Señor, yo estoy arrepentido de haberos ofendido! Si el corazón nada dice, el movimiento de los labios no sirve de nada. Dios perdona, pero es al corazón contrito y humillado; Dios perdona, pero es al penitente que se convierte de todo corazón, que rompe su corazón, y no sus vestidos, como dice el Profeta.
391
            La contrición debe ser sobrenatural, es decir, debe ser excitada en nosotros por un movimiento del Espíritu Santo, y fundada en las consideraciones de la fe; es decir, que debe venir de Dios y tener a Dios por fin, supuesto que debe detestar el pecado como una  ofensa hecha a Dios. La contrición debe ser sobrenatural en su principio. Ella procede de Dios, solo Dios puede producirla en nuestra alma; y por esta razón decía el Profeta: Convertidnos a vos, Señor, y  nos convertiremos (Jeremías). Vosotros habéis perdido la vida de la gracia por el pecado mortal, pero no podéis recobrarla con vuestras propias fuerzas, porque la contrición es un don del cielo.  Sin embargo, no desesperéis, sino orad: esta contrición, que es superior a vuestras fuerzas y que no podéis merecerla, la podéis obtener por medio de la oración.
            La contrición debe ser sobrenatural en su principio; es necesario que lo sea también en sus motivos, es decir,  que debe fundarse en los motivos que la fe nos ofrece, y no en razones puramente humanas y naturales. Nuestra contrición será sobrenatural en sus motivos, si nos arrepentimos de haber ofendido a Dios, por la fealdad que la fe nos hace ver en el pecado, porque el pecado hace una injuria a Dios y ofende al mejor de los padres, porque el pecado nos hace perder el cielo, o a los menos porque a los pecados graves  están reservados los tormentos eternos. Estos motivos son sobrenaturales, supuesto que son inspirados por Dios, con relación a Dios y  a las cosas de Dios; y esta contrición nos alcanzará el perdón.
            ¡Ay! ¡cuántos son los pecadores cuyo arrepentimiento procede únicamente de razones naturales, y que por lo mismo solo pueden tener una contrición incapaz de proporcionarles el perdón! Ese hombre ha cometido un hurto; él tiene un dolor, y un dolor muy vivo de haberlo cometido, pero es porque se halla preso y porque dentro de pocos días será juzgado y sufrirá una condena. Esa joven ha tenido la desgracia de conducirse mal; ella se arrepiente..., pero es porque su deshonra se ha hecho pública. En tales casos el arrepentimiento solo es excitado por los males temporales; él no procede de Dios, no tiene relación alguna con Dios. A Dios es a quien habéis ofendido, pero no es por él por quien sentís haber obrado mal; vuestra contrición es puramente natural; por consiguiente, Dios no mira vuestra aflicción; vuestra aflicción no borra vuestro pecado ni os reconcilia con el Señor.
            La contrición debe ser suprema; es decir, que el penitente debe estar más afligido de haber ofendido a Dios, que de todos los males que pudieran sucederle. El pecado nos priva del cielo, nos expone al infierno, ofende a un Dios infinitamente bueno e infinitamente perfecto; es decir, que el pecado causa el más horrible de los males. Un mal pequeño nos aflige poco, un mal grande nos aflige profundamente. Pues bien, el pecado es el mayor de los males; es, por consiguiente, justo arrepentirse más del pecado que de todos los demás males, que, de cualquier modo que se miren, son inferiores al pecado. Así es que para alcanzar el perdón del pecado es necesario tener de él un dolor supremo, el mayor de todos los dolores, un dolor que exceda a todos los demás. Advertid, sin embargo, hermanos míos, que no es en la sensibilidad, sino en la voluntad, donde este dolor supremo debe tener su asiento principal. Es decir, que no es necesario experimentar la misma aflicción exterior que cuando se ha experimentado una grande desgracia. El pecado mortal es una desgracia demasiado grande para arrancarnos lágrimas; y si fuesen sinceras se podría decir de ellas, con S. Pedro Crisólogo: ¡Dichosas lágrimas, que corren de una fuente semejante! Ellas riegan el cielo, ablandan la tierra, ahuyentan el fuego del infierno, y borran la sentencia de muerte pronunciada contra el pecador (Sermón 93). Tal fuel el dolor de David, de la Magdalena y de S. Pedro, que lloraron amargamente sus pecados. Derramad lágrimas, esta es, sin duda alguna, una disposición muy laudable; pero nace de una sensibilidad que no siempre está en nuestro poder; por consiguiente, no es necesaria. Lo que es necesario es que la voluntad esté pronta a sufrir toda clase de calamidades temporales, antes que consentir de nuevo en cometer un pecado. Si hay en el corazón este buen propósito, entonces se tiene más dolor de pecado que todos los males de la vida, se ama a Dios como se debe, se prefiere a Dios a todas las cosas temporales; entonces la contrición es suprema.
            No olvidemos que este dolor debe ser también universal; es decir, que debe extenderse a todos los pecados mortales que hemos tenido la desgracia de cometer. Dios tiene igual horror a todos los pecados; es necesario pues que nos arrepintamos de todos ellos sin excepción. Nosotros no podemos obtener nuestra reconciliación con Dios si se encuentra en nuestro corazón un solo pecado mortal del cual no estemos arrepentidos. Por esta razón nos dice el Señor: Si queréis convertiros a mí sinceramente, arrepentíos de todas vuestras iniquidades, sin exceptuar ninguna, y haced penitencia de ellas (Ezequiel 18). Y S. Agustín añade: El Señor no quiere un corazón dividido, no quiere un corazón convertido a medias, que sólo tiene horror a tales o cuales pecados, y permanece adherido a otros. Dios quiere un sacrificio completo, y que la contrición del pecador se extienda a todos los pecados; sólo con esta condición se puede obtener el perdón y volver a la gracia de Dios.
            Ya os he dado a conocer, hermanos míos, la necesidad de la contrición, las cualidades que debe tener, y los motivos que deben excitarla en nosotros. Yo os ruego que procuréis que sea siempre el amor de Dios el que excite en vuestra alma el dolor y el arrepentimiento de haber cometido el pecado. Arrepentíos de vuestros pecados, no sólo porque habéis ofendido a un Dios todopoderoso, que castiga eternamente al pecador en el infierno, sino porque habéis ofendido a un Dios infinitamente bueno y amable. Procurad amar de nuevo a ese Dios tanto como os ha amado, y formad de vuestro mismo amor un dolor vivo y profundo de haber perdido su gracia. Pedid esa contrición al Salvador; él no os la negará, porque vino para llamar a los pecadores, a fin de que ninguno de ellos se pierda y que el reino de Dios sea su herencia. Así sea.   

PROPÓSITO DE LA ENMIENDA. TANQUEREY.



225 Firme propósito no solamente de evitar los pecados en sí mismos, sino también las ocasiones y las causas que han arrastrado al abismo.  Una vez perdonado el pecado, debemos mantener en nuestra alma un sentimiento vivo y habitual de penitencia, un corazón contrito y humillado, junto con un deseo sincero de reparar el mal que hemos cometido, por medio de una vida austera y mortificada, con un amor ferviente y generoso.
 


POSIBILIDAD DE VENCER LAS TENDENCIAS DESORDENADAS DE LA NATURALEZA CON LA AYUDA DE LA GRACIA




INSTRUCCIÓN PARA ENSEÑAR LA VIRTUD A LOS PRINCIPIANTES, Y ESCALA ESPIRITUAL PARA LA PERFECCIÓN EVANGÉLICA. PADRE FRAY DIEGO MURILLO. ZARAGOZA; 1598.


Digo, pues, que consultando (como es razón) las divinas letras para sacar esto en limpio, hallaremos en ellas declarada la causa original de este mal y de otros innumerables que de él proceden. Porque en el libro del Génesis (8) dice el Espíritu Santo, que el pensamiento y sentidos del corazón humano son inclinados al mal desde su juventud. Que no es otra cosa sino decirnos que después de haber quedado la naturaleza depravada por el primer pecado, y deshecho aquel admirable concierto y conformidad que Dios había puesto entre la parte inferior y la superior ..., quedó en la sensualidad entrañada una inclinación tan perversa e indómita que la lleva casi forzada como al retortero a obrar contra el dictamen de la razón. De tal manera que hablando de ella dijo el Apóstol san Pablo, no obro el bien que quiero sino el mal que aborrezco (Romanos 7), y la causa es, porque no obro yo en mí, sino el pecado que vive en mí: el cual me lleva cautivo y casi por fuerza a obedecer a la ley del pecado. Y llama ley del pecado a la mala inclinación natural, porque como si fuese ley, quiere obligar a la sensualidad a que ejecute lo que ella manda. Y aunque los filósofos, no alcanzaron la causa de estas inclinaciones, pero bien echaron de ver que nacían los hombres con ellas y que estaban unidas y como vinculadas a la naturaleza humana. Así lo confiesa el príncipe de la elocuencia Latina, pues dice en una de sus cuestiones Tusculanas (Cicerón, cuestión Tusculana 3): que aunque es verdad que en nuestros ingenios hay unas como semillas naturales de las virtudes, las cuales si creciesen y llegasen a colmo, nos llevarían a la vida bienaventurada: pero también es cierto que al punto que salimos a la luz del mundo, luego nos hallamos metidos en medio de la maldad, y en una suma perversidad de opiniones tan ajenas de la razón, que parece que mamamos los errores con la leche de los pechos de nuestras madres. Toda esta doctrina es de Cicerón. Y confiesa en ella las dos enfermedades que quedaron en nuestra naturaleza por el pecado, que son ignorancia en el entendimiento y mala inclinación en la voluntad. Y Plutarco dice, que así como al escorpión le es cosa natural el aguijón, y a la vívora el veneno, así al hombre desde el principio de su nacimiento le es connatural la maldad, aunque no se descubre hasta que con el discurso del tiempo se ofrecen las ocasiones de ejercitar los actos a que le inclina la naturaleza estragada. Y el glorioso S. Agustín (Agustín lib. 7. Confesiones) afirma, que aún antes de su conversión experimentaba esta verdad, y que echaba de ver los desórdenes y siniestros de la naturaleza corrupta: pero que no atinaba quién podía ser la causa de tan gran desconcierto y desorden. Porque como veía que ya en la niñez comenzaba a descubrirse este daño, no hallaba quién le pudiese causar ... porque no entendía el secreto del pecado original.    De manera que aunque este Santo ignoraba el origen de las malas inclinaciones, antes de convertirse a la fe; no ignoraba serle connaturales al hombre: y ser principio de todos los otros daños: y el enemigo más poderoso de todos los que tenemos.


43
Bien la entendieron algunos tiranos perseguidores (la influencia de la mala costumbre en los primeros años) de la Iglesia de Dios, pues para destruir y asolar de todo punto la Cristiandad (después de haber intentado otros medios terribles) escogieron este como más eficaz que todos los otros. De este usó Maximino Emperador cruelísimo, el cual (según refiere Eusebio Cesarense) para desarraigar de los corazones humanos el nombre de Cristo, hizo componer un libro en que se contenían innumerables blasfemias y abominaciones contra Jesucristo Redentor Nuestro: y mandó que los maestros de escuela lo leyesen a los niños, y procurasen aficionarlos a él, y tomarlo de memoria; pareciéndole que si se acostumbraban desde niños a aborrecer el nombre de Cristo, criándose con esta leche, quedarían imposibilitados para dejarle después de aborrecer. Y de la misma industria dicen que usó Juliano Apóstata y otros tiranos, y de ella se han valido muchos herejes en Alemania y en Francia. Y la experiencia del daño que de esta invención se ha seguido, ha mostrado con evidencia, cuán poderosa sea la mala costumbre, entrañada desde los tiernos años en la naturaleza mal inclinada.  Y así para atajar este daño, es menester prevenirla con la buena instrucción; para que cuando el mozuelo venga a reconocerse, tenga  menos contrarios con quien pelear, y pueda más fácilmente alcanzar victorias de los que tuviera; que no le será dificultoso, si desde niño se habituase al ejercicio de las virtudes.
49
         Sería posible que alguno se persuada, viendo lo que habemos dicho del poder de la mala costumbre, ser menos poderosa la buena: por parecerle que aquella tiene en la naturaleza algo que la favorezca y abrace, y esta no tiene cosa alguna que no la contradiga y resista. Pues para quitar la ocasión de este engaño (que podría ser muy dañoso) será bien probar en este capítulo no ser menos poderosa la buena costumbre favorecida de la divina gracia, que la mala ayudada de la naturaleza corrupta: antes mucho más valerosa y más fuerte. Y aunque no es necesario trabajar mucho para persuadir esto a los que saben cuanto más poderosa es la gracia que la naturaleza: pero será razón procurar darlo a entender a los ignorantes, para que facilitándoles con esto la empresa, y descubriendo los frutos que de ella se sacan; se animen acometerla con tanto denuedo y brío, que salgan victoriosos y triunfandores. Advierta pues los que en esta materia son inexpertos, que aquel soberano Señor cuya providencia no se olvida aún de las cosas mínimas, habiéndonos criado para que con nuestra propias obras hechas en su gracia mereciésemos la gloria: de tal manera juntó para provecho nuestro, en el ejercicio de las virtudes la dificultad con el gusto; que ni quiso fuese todo suave, porque no faltase materia de merecimiento, ni todo difícil, porque no viniésemos a desmayar en la empresa. Lo que ordenó fue, que hubiese de uno y de otro, para que lo difícil de la virtud nos hiciese merecer la corona, y lo gustoso nos aligerase el trabajo: juntándose de esta suerte en este ejercicio las dos cosas que Cristo dijo en el Evangelio, que son, yugo suave, y carga ligera (Mateo II).  Y aún aquella parte de dificultad que la virtud trae consigo, quiso que pudiese hacerse gustosa y fácil, poniendo los hombres de su parte cuidado en acostumbrarse a ella, y Dios de la suya en favor de su gracia que todo lo facilita. Esta (como dice Isaías. 40) a los que confían el Señor hace que muden la fortaleza, esta les da alas como de águila con que puedan volar sin trabajo: y esta (como dijo el otro Profeta. Abacuc 3 y Salmo 27) les comunica pies ligeros como de ciervo, para que puedan correr sin cansancio, hasta ponerlos en la alteza de la perfección. … (…) … Y presupongamos que para llegar el hombre a gozar de los frutos que nacen de ella, es necesario que a los principios trabaje, haciendo fuerza y violencia a las malas inclinaciones.



viernes, 14 de noviembre de 2014

Sobre la Resurrección de Jesucristo



Año cristiano o Ejercicios devotos Resurrección Pentecostés, 483 p.
14
Así como la verdad de este gran misterio (la resurrección) es una prueba sin réplica de la divinidad de Jesucristo, y por consiguiente de la verdad, de la santidad, de la infalibilidad de nuestra Religión, fundada y establecida especialmente por él.
15
Toda la Religión, todo el Evangelio se encierran, por decirlo así, en este solo artículo de nuestra fe. ¿Jesucristo ha resucitado? Luego es Hijo de Dios; luego es Dios, como Él mismo nos lo ha asegurado: sus palabras son oráculos de verdad; luego Su Evangelio es la sola regla de las costumbres; Su Iglesia el solo camino de la salvación; Su Religión la sola verdadera religión que puede haber en el mundo.
" ...; porque abriéndonos el cielo, nos hace gozar con anticipación por la fe, por la esperanza y por la caridad de los gozos celestiales.
            No debe admirarnos el que la Iglesia celebre con tanta solemnidad un misterio que mira no solo como el fundamento de nuestra fe, sino también como la causa y el símbolo de la vida eterna y bienaventurada, que es el objeto de nuestra esperanza. La Cuaresma, que ha servido de preparación a esta fiesta, era figura de la vida penitente y laboriosa que debemos tener en este lugar de destierro; y la fiesta de Pascua representa aquella vida gloriosa que debe ser la recompensa de la vida presente. Por eso la Iglesia en todo el oficio de esta semana entra ya en espíritu en la celestial patria.
24 "..., suba a los cielos para estar sentado a la diestra de Mi Padre, y prepararos el lugar que os he merecido con Mi Muerte."
30 "...; luego nos hemos conducido prudentemente dejándolo todo por servirle, por mas que sean sobre el espíritu humano los dogmas de la religión que nos enseñó, por más contraria que sea su moral a los sentidos y al amor propio: ¡ desdichados de nosotros, si no le hubiésemos creído!
PROPÓSITOS.
1 ¿No sabéis, dice san Pablo, que hemos sido bautizados en la muerte de Jesucristo; es decir, que este divino Salvador nos ha lavado y purificado del pecado por su sangre? Debemos, pues, estar verdaderamente muertos al pecado para no vivir ya sino con una vida nueva a ejemplo de Jesucristo; porque si hemos sido ingeridos en la semejanza de su muerte, continúa el Apóstol, lo seremos también en la de su resurrección; es decir, que así como un injerto muere o vive dependientemente del árbol en que está ingerido, y de donde saca todo su jugo; del mismo modo estando unidos con Jesucristo por el Bautismo, como miembros de un mismo cuerpo, es necesario que este Señor sea por su resurrección el principio y el modelo de nuestra resurrección espiritual a la vida de la gracia, así como por su muerte fue el principio y el modelo de nuestra muerte espiritual al pecado. Y pues el que ha muerto está libre de pecado; es decir, que así como la muerte natural nos exime de toda servidumbre; así la muerte espiritual debe eximirnos de toda sujeción y servidumbre por lo que mira al pecado. Y al modo que Jesucristo resucitado ya no muere; así vosotros, habiendo muerto al pecado en estos santos días, no debéis ya vivir sino para Dios en Jesucristo, y ya no morir más por el pecado. Medita bien el día de hoy esta importante lección de san Pablo; y toma todos los  medios, hasta sacrificarlo todo, si es menester, para nunca más perder la vida de la gracia.
Oficial romano de Cesarea; la Escritura dice que era un hombre religioso, es decir, temeroso de Dios; que daba grandes limosnas al pueblo, y tenía una vida ejemplar, que le hubieran  tenido por un fervoroso cristiano aún antes que hubiese tenido conocimiento de la religión cristiana. Santo Tomás cree que Cornelio tenía ya la fe sobrenatural del verdadero Dios con la fe implícita en Jesucristo cuando el Ángel se le apareció. Como quiera, una tan rara virtud en un oficial de guerra fue sin duda una disposición para el insigne favor que recibió.
35 ".., queriendo por un celo ya cristiano que participasen de la gracia que el Señor le quería hacer a él."
45  (interesante sobre verdadera muerte, siendo crucificado, a la que sigue la verdadera resurrección. Morir al pecado para resucitar a la Gracia.)

Sobre las tentaciones.



De AÑO CRISTIANO ó EJERCICIOS DEVOTOS PARA TODOS LOS DOMINGOS, DIAS DE CUARESMA Y FIESTAS MOVIBLES. Escrito en francés por el P. JUAN CROISSET, de la Compañia de Jesús. Y traducido al castellano por D. José María Díaz Jiménez, Presbítero. 1855. Páginas  238-241
MEDITACION.
Sobre las tentaciones.
Punto Primero. — Considera que nuestra vida es una guerra continua con enemigos tanto mas temibles, cuanto que atacan á nuestra salvacion, y son sumamente astutos para hacerlo. Estos enemigos son lisonjeros, dulces, insinuantes, arteros, y cuasi todos domésticos. Inclinaciones viciosas, natural avieso, pasiones nacidas con nosotros, amor violento del placer, codicia, concupiscencia, un corazon corrompido, cuyo espíritu es siempre el engaño; sentidos sobornados, que tan fácilmente seducen al corazon, objetos que tientan, ejemplos que autorizan el vicio, y que favorecen tanto la inclinacion; ¿es extraño, con todo esto, que durante la vida todo sea peligro, todo tentacion, todo lazo? El demonio que ha jurado nuestra perdicion no duerme jamás, y mucho menos se cansa. Él no presenta mas que placeres, no pide mas que el consentimiento, no nos ataca mas que por el lado mas flaco. Nuestra resistencia no le abate; solicita, urge, y como está de inteligencia con el corazon, el amor propio y los sentidos, al fin persuade. No hay edad en que no sea poderoso.     No hay lugar alguno en donde la tentacion no se deslice, y en donde no haga estrago. Como nosotros mismos somos nuestros mas peligrosos tentadores, la tentacion se halla en todas partes á donde nosotros vamos. Soledad sombría, desiertos espantosos, claustros rodeados de cercas y murallas, provistos de toda especie de armas y de municiones: en todas partes donde nos hallamos nosotros, allí está el enemigo de nuestra salud. Desgraciado el que cuente demasiado con su valor ó con sus resoluciones; el que no añada la oracion á la vigilia continua. La gracia, en verdad, es siempre mas fuerte que la tentacion; pero ¿cómo se resiste á la tentacion, cuando hay tan poco interés por esta gracia, cuando se cuida tan poco de pedirla sin cesar al Señor, cuando hasta se resiste á todas las impresiones de la Gracia? ¿Cómo se resiste á la tentacion, cuando se expone uno voluntariamente á ella, cuando se la busca? Los lugares mas retirados, los mas santos estados de la vida, las comunidades mas regularizadas, no son abrigos ni asilos contra la tentacion; y gentes medio vencidas por el tentador, ¿se exponen con placer á la tentacion, corren sin armas á los mayores peligros, caminan sin guia y con los ojos cerrados por medio de los mas grandes precipicios? Báiles, espectáculos profanos, asambleas mundanas, entretenimientos delicados, reunion de objetos á cual mas tentadores, ocasiones peligrosas y próximas, ¿respetaréis vosotros la inocencia? Y después que el demonio se ha atrevido á tentar al Hijo de Dios en el mas espantoso desierto, después de un ayuno de cuarenta dias, entre los ejercicios de la piedad mas heroica, ¿estaremos nosotros seguros, no tendrémos nada que temer, ni en el claustro, ni en el mundo?
Punto Segundo. — Considera que todas las tentaciones son peligrosas ; pero las mas temibles son las domésticas, estas son las mas delicadas y menos tumultuosas, y de las que se desconfia menos: raras veces ataca el demonio á fuerza abierta y con gran ruido. Obrar con tanto estruendo es advertir al enemigo. Entonces se guarda, toma sus precauciones, se pone en defensa. El enemigo de la salud es muy hábil y muy astuto para que obrase con tal torpeza; observa el tiempo en que uno vive mas confiado, está atento á las circunstancias del lugar, aprovecha las ocasiones, prepara con cuidado los objetos, estudia el natural, el espíritu, las inclinaciones, el humor, la propension, y sobre todo la pasion dominante; y este es el resorte principal de que se sirve. Ninguna de estas tentaciones afectadas deja de tener un motivo plausible y especioso, siempre conforme á la pasion que domina. No son mas que conversaciones de cortesía, de correspondencia, de civilidad, las que insensiblemente hacen tragar el veneno que mata al alma. Pretendidas obligaciones de sostener con esplendor un empleo, un estado, una familia, son las que hacen emprender un comercio injusto, tomar á manos llenas, sacrificar su conciencia á sus propios intereses. La nombradía que se tiene, el rango en que uno se halla, el cargo que se desempeña, un establecimiento que se quiere plantear, es siempre el pretexto que autoriza las asambleas mundanas, de las que nunca se sale sin menoscabo del espíritu cristiano, los espectáculos profanos á los que jamás se asiste sin pecado, el juego, en donde la pérdida menor es la del tiempo. Aun en los mismos que son inclinados á la piedad se ve por lo comun que la devocion esta, por decirlo así, ingerida en el natural. De aquí tantas ilusiones, tanto orgullo, tanto mal humor, tanta sensualidad en aquellas personas que se creen y que se llaman devotas. Alguna vez se encuentra el celo, junto con un temperamento vivo, bullicioso, vanidoso, disipado. ¡Buen Dios, qué lamentable disipacion! ¡qué alejamiento del retiro y de la oracion! ¡qué apego al propio parecer! ¡qué desarreglo en su interior! ¡qué indiferencia con respecto á las obligaciones ordinarias de su estado y de la regla! Y hé aquí las tentaciones mas temibles, y de las que sin embargo se desconfía menos; tentaciones que pierden á tantas almas.
Concededme, Señor, la desconfianza saludable de mi entendimiento, de mi corazon, y de mi amor propio, y cuanto mas sutil, artificiosa y delicada sea la tentacion, tanto mas resuelto estoy yo, mediante vuestra gracia, á velar, temer y orar.
Jaculatorias.—Yo espero, Señor, que con el auxilio de vuestra gracia evitaré tantos peligros, y apoyado en vuestra asistencia no habrá dificultades que yo no rompa. (Psalm. XVII).
Dad, Señor, una señal brillante de vuestra bondad conmigo; vean mis enemigos que me socorreis, y queden con esto ellos mismos cubiertos de confusion. (Psalm. Lxxxiii).
PROPÓSITOS.
1 No atribuyamos siempre al demonio nuestras caidas: por grande que sea su malicia, nuestra derrota en las tentaciones no es siempre obra suya; nosotros mismos nos tentamos muchas veces; mas peligrosamente y con mas malignidad que él lo haria. ¿ Para qué quiere emplear sus armas contra gentes que en su fondo se alimentan del contagio que las debe hacer perecer, y que son mas industriosas para emponzoñarse, que él solícito y empeñado para perderlas? ¿Qué necesidad tiene de encender un fuego que jamás está extinguido, que se nutre con empeño, y que arde sin cesar? Se corre á los espectáculos , al teatro, á los entretenimientos escandalosos, á las reuniones donde reina el vicio sin disfraz; las mas licenciosas diversiones constituyen hoy una de las mas serias ocupaciones de las gentes del mundo. El lujo ostenta todos los dias todo lo que hay de mas tentador, causa rubor el nombre de cristianos; y después de esto ¿habrá quien se atreva á decir que el demonio nos tienta? Huid con ardor de todas estas ocasiones de pecado. Sed continuos en la oracion, mortificad vuestros sentidos, domad vuestras pasiones, vivid como cristianos, y la tentacion será para vosotros un motivo de victoria y de mérito.
2 No os expongais al peligro, y no pereceréis en él. Desconfiad siempre de vuestro natural, y mirad como vuestro principal enemigo á vuestro amor propio. Por mas santo que sea vuestro estado, desconfiad de vuestro propio corazon. Las mejores tierras abundan regularmente en malas yerbas si les falta la cultura. Si os hallais en el estado religioso, guardad con puntualidad vuestras reglas; desconfiad de un celo demasiado impetuoso; observad con exactitud todas vuestras prácticas de piedad; no descuideis el exámen de conciencia; aprovechad el uso de los Sacramentos. Con estas sabias precauciones , pidiendo continuamente el socorro del cielo, las tentaciones léjos de dañar vuestra virtud la purificarán.”


http://books.google.es/books?pg=PA243&dq=ayuno++CUARESMA&id=-1FqiVqAAOAC&hl=es#v=onepage&q=ayuno%20%20CUARESMA&f=false

Pobreza de Espíritu



Parte tercera del libro de la Imitación de Jesucristo nuestro Señor. Francisco Arias. 1602. Página 456.
            En que se declara, en que consiste la pobreza de espíritu, que es de consejo, y los grados que tiene, y como el principal y mejor es, dejar todos los bienes por seguir a Cristo.
Esta que habemos declarado, es la pobreza de espíritu y voluntad, que es necesaria a todos los fieles, y en que todos deben de imitar a Cristo. Veamos ahora en que consiste la pobreza de espíritu y pobreza voluntaria, que es de consejo, y pertenece principalmente a aquellos, que pretenden ir por el camino de la perfección, y alcanzar la perfecta caridad y amor de Dios. Consiste primeramente, en que el hombre fiel deje de hecho todas las riquezas, y bienes que tiene, distribuyéndolos a  pobres, o empleándolos en otras obras de caridad y misericordia, y haciéndose pobre por Cristo y por el reino de los cielos. Ya que para esto no solamente deje los bienes, que de presente tiene, sino también el ánimo y voluntad de tenerlos en adelante, con determinación firme de vivir siempre en pobreza. Y eso lo puede cumplir el siervo de Cristo que desea imitarlo y alcanzar la perfección, por muchas maneras, o entrándose en religión, y sustentándose de los bienes y limosnas de la misma religión. O quedándose en el siglo, y sustentándose con el trabajo de sus manos, o con el estipendio de algún ministerio Eclesiástico, o con limosnas de los fieles, las que bastan para sustentarse. O reservando alguna parte pequeña de la hacienda, que tenía, la que solamente es necesaria, para sustentar pobremente la vida: que aunque esta no sea tan perfecta y estrecha pobreza, como es la del que lo deja todo, mas para algunas personas y para algunos fines buenos puede ser mas conveniente: y especialmente para mujeres y personas flacas, que viviendo en el siglo, no se pueden sustentar con solo su trabajo, y pedir o recibir de limosna todo lo necesario, les sería de grande inconveniente. Esta pobreza cuanto a lo principal de ella, aconsejó Cristo en el Evangelio, cuando dijo a un mancebo rico, que guardaba los mandamientos: Si quieres ser perfecto, anda ve, y vende cuantos bienes tienes, y dalos a los pobres, y sígueme. 

Examen de conciencia




29- Las penalidades son bienes viviéndolos según Dios.

104 Examen de conciencia
            San Gregorio dice (Homil. IV in Ezech.), que quien no examina cada día lo que hace, lo que dice y lo que piensa, no está presente a sí mismo; esto es, vive a lo tonto, y por consiguiente vive totalmente olvidado de su perfección. San Bernardo nos asegura (Ad fratr. De mont. Dei) que examinándonos mañana y noche, y prescribiéndonos a nosotros mismos por la mañana y por la tarde la norma de vivir, jamás harémos desorden alguno.

Para el discernimiento



De la biografía de San Ignacio por Casanova.
Página 9
Comienza por distinguir la consolación que tiene alguna causa en las cosas criadas, de la que ninguna tiene, y afirma profundamente que sólo es de Dios Nuestro Señor dar consolación al ánima sin causa precedente, es decir, sin ningún previo sentimiento o conocimiento de algún objeto por el cual venga la tal consolación, mediante sus actos de entendimiento y voluntad.  Con causa (de la manera que acaba de explicar) puede consolar al ánima así el buen Ángel como el malo, por contrarios fines. El discernir estos casos no es cosa de sentimentalismos, sino de puro análisis racional.  Debemos muchos advertir el discurso de los pensamientos; y si el principio, medio y fin es todo bueno, inclinado a todo bien, señal es de buen Ángel; mas, si en el discurso de los pensamientos que trae acaba en alguna cosa mala o distractiva, o menos buena que la que el ánima antes tenía propuesta de hacer, o la enflaquece, o inquieta, o conturba a la ánima, quitándole su paz, tranquilidad y quietud, que antes tenía, clara señal es proceder de mal espíritu, enemigo de nuestro provecho y salud eterna.