viernes, 5 de diciembre de 2014

De Meditaciones devotísimas del amor de Dios.



Diego de Estella.
"La carga del amor del mundo apega las alas de tu amor: para que no vuele a ti mi Dios, siendo Tú centro de mi ánima. Pues por qué querré yo cargarme con el amor de cosas que impiden el vuelo de mi ánima para su criador y esposo? Aborreces de corazón todo lo que es fuera de ti, pues tú solo bastas para mí.
"Toda criatura te lanza de sí con ignominia, y te abofetea, para que apartándote de ella, procures de llegarte a tu criador: como si baldonándote te dijese. ¿Para qué te llegas a mí, miserable? ¿Para qué me quieres, ánima mezquina? No soy yo el bien que tú buscas; ya que quieres amar. Vete a donde vas: pasa adelante, y no dejes el camino verdadero y real que te lleva a tu Dios: y tú aún con todo esto, ciega, loca y desatinada, no te curas, sino de abrazar a la que no te quiere, a la que de continuo te echa de sí, y con vituperio procuras de detenerla contra su voluntad, y sigues a la que huye de ti, ..."

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